Felicidad

Nos pasamos la vida buscando la felicidad. Muchas veces la buscamos en donde no debemos, en otras ocasiones decidimos dejarnos llevar por el “destino” y otras… nos empeñamos en alcanzar una utopía sin éxito alguno. Entonces, ¿qué es la felicidad?

Algunas personas la encuentran en una charla con alguien cercano, otras la sienten mientras viajan, otros la buscan en nuevos retos profesionales… Está claro que todos tenemos distintos significados para un mismo concepto.

Según nos cuenta la RAE la felicidad es el “estado de grata satisfacción espiritual y física”. Algunas marcas, a su vez, nos convencen de que la felicidad está en un determinado producto o sabor. Por favor, ¡no os dejéis engañar y buscar la vuestra!

Muchos de vosotros ya sabéis que el pasado 20 de marzo se celebró el Día internacional de la felicidad. Así es, la ONU decidió festejar la “Felicidad Nacional Bruta” y nosotros tenemos la “obligación” de ser felices (no sólo ese día sino cada segundo).

Quizás, las personas tendemos a ser negativas en momentos específicos de la vida e, incluso, nos empeñamos en sentirnos mal cuando no existe ninguna razón. Por supuesto que todos tenemos derecho a estar tristes (al fin y al cabo todos somos humanos y tenemos sentimientos). Pero, llegada esa situación lo importante es superar los baches e ir en busca de la dirección acertada.

FelicidadCuando una relación amorosa se termina lo importante es mirar hacia adelante (sí miras hacia atrás siempre verás a tu expareja, cuando un ser querido nos abandona lo primordial es recopilar todos los buenos momentos que nos hizo pasar, sí has sido despedido del trabajo no olvides que tu lugar va a llegar… Existen un montón de situaciones que nos ponen a prueba: ante esas situaciones lo fundamental es continuar en busca de la felicidad.

Lo que debemos hacer es pararnos, encontrarnos a nosotros mismos y cuestionarnos, ¿qué me hace feliz a mi? Por ejemplo, tu pareja igual encuentre la felicidad en ti y tú la encuentres en ella.

Así, no es necesario perder el tiempo en pensar en los “hubiera sido” o “tendría que haber ido” sino ganar ese tiempo en los “es” e “iré”. Ósea, dejar atrás los pasados que no se terminaron y vivir el presente de cara a un futuro placentero y enriquecedor.

Tal y como dice la canción: ¡felicidad, qué bonito nombre tienes!

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