móvil en la mesaNos hemos acostumbrado a vivir conectados. Para muchos de nosotros resulta incluso difícil pasar un día sin mirar la pantalla de nuestros teléfonos inteligentes. Para todos ellos, para todos vosotros y para todos esos amigos que son esclavos de los datos móviles, os regalo 10 razones por las que es curioso y fantástico desconectar de las nuevas tecnologías.

  1. La alarma del móvil. ¿Quién no se ha quedado dormido porque el teléfono se quedó sin batería? Mi abuela todavía sigue cambiando la pila del tradicional despertador de mesa. Ella nunca ha llegado tarde a ningún sitio.
  1. Tenemos menos privacidad. Está claro que la era tecnológica nos ha robado intimidad. Tan fácil como hacer un pantallazo con tu móvil y enviarle a tus contactos la foto de esa chica que se acaba de casar o ese chico que está en bañador. ¡Qué ridículo!, grita mi madre.

  1. Los datos GPS. Los navegadores móviles han pasado a acompañarnos en todos nuestros recorridos. Seguro que en más de una ocasión el navegador de vuestro móvil os ha hecho dar más de una vuelta tonta. Hace tan sólo unos pocos años, la gente también viajaba. Ellos utilizaban el boca a boca y, según testimonios, era muy agradable entablar conversaciones con los paisanos.
  1. Tropiezos, caídas, golpes fortuítos en la calle. La gente ya no saluda en el barrio, la gente ya no camina y observa a su alrededor. Ahora sólo andamos como robots: rectos, con el móvil en la mano y la mirada fijada en la pantalla. Pregúntale a mi hermano, quién por ir escribiendo en su móvil mientras andaba… Se resbaló, cayó al suelo y rompió su móvil recién comprado. ¡Qué pena de generación!, le gritó mi madre.
  1. Se acabaron las conversaciones largas y debates polémicos. Atrás han quedado las grandes discusiones sobre cuál es el planeta más lejano o la actriz más cotizada. Ahora Google nos responde con un sólo click. ¡Qué aburridos sois los jóvenes!, confiesa mi abuela.gente móvil
  1. Whatsapp. Me encanta que este sistema haya reemplazado a los SMS. ¡Qué caro y aburrido era enviar esos mensajes! El problema con los Whatsapp es que no tenemos límite. Los grupos de la aplicación me ponen un poco nerviosa… Imágenes absurdas, personas que te bombardean con sus historias… ¡Por favor, abstengámonos de darle mal uso o nuestras mentes sufrirán las consecuencias!
  1. Menos llamadas telefónicas. El consumo de aplicaciones móviles ha terminado con la interacción verbal. “Haber perdido el móvil me ha llevado a utilizar el teléfono fijo de casa, ¡qué maravilla volver atrás!, sonríe mi amiga. ¿Y vosotros?, ¿cuántas llamadas realizais a lo largo del día?
  1. Leemos menos. Todavía recuerdo el momento en que mi amiga confesó que ya no lee periódicos durante sus viajes en tren porque puede entretenerse con videos de Youtube en su móvil. Sí, los videos pueden ser divertidos. Pero, la lectura te enriquecerá todavía más, le confesé.
  1. Las reuniones tienden a ser menos sociables. ¿Os habéis fijado que ahora al lado del tenedor se coloca el teléfono móvil en la mesa?,¿sabéis que está de moda colocar el móvil al lado del café? Parece ser que esperamos llamadas o mensajes importantes las 24 horas del día. Una pena que nuestros amigos o familiares no sean capaces de captar toda nuestra atención en los ansiados encuentros. Echa un vistazo a la mesa de al lado tuyo: ¿cuántos móviles hay?

  10. Utilizamos menos el ordenador. Muchos de nosotros podemos pasar días sin              encender un ordenador, ya que el móvil nos ofrece las mismas posibilidades a la hora        de navegar en Internet. Pero, cuidado, vuestra vista o vuestros pulgares pueden                  pasaros factura en un futuro.

¡Perdemos entre pantallas el valor de las miradas!, se ríe una buena amiga. Cuánta razón tiene. Si invirtiéramos el mismo tiempo en hablar con la persona que está a nuestro lado, si disfrutáramos del sabor de la comida en lugar de hacer fotos, si guardaramos en nuestra memoria las vacaciones en lugar de contarlo en Twitter… Y si… Un sinfín de posibilidades a los que cerramos las puertas por ser presos del teléfono móvil.

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